En la primera entrada te mencioné que más que saber que quería hacer en mi vida, tengo muy claro lo que “No Quería”, obvio esto no te lleva al lugar indicado, al menos siempre te sacará del lugar equivocado y en el proceso disfrutas de experiencias maravillosas.

A ti, ¿Quién te hace pensar? ¿Quién o qué te hace reflexionar?

Todos hemos tenido momentos y personas en la vida que con sus actos o sus palabras nos hacen reflexionar. Es posible que no veamos la enseñanza al instante, pero hay conversaciones que de cierta manera tienen poder y yo creo ese poder nos ayuda a determinar muchas cosas a lo largo de nuestra vida. La magia de las palabras de afecto que te dice tu familia, tus amigos sinceros, tus amores, tus profesores, incluso tus jefes. Hay quien piensa que las palabras se las lleva el viento, yo creo que tienen poder y depende de como reacciones a lo que escuchas, tendrán efectos positivos o no para ti.

Te voy a contar que y quienes me enseñaron cualquier cosa que me ayudó a ser quien soy.

Hace unos 14 años más o menos, mi abuelo empezó con la idea de escribir su biografía. Si, mi abuelo ha escritos 2 libros. Él estuvo días completos, buscando en su memoria información de su pasado, recuerdo que tardo meses en terminar de escribir todo. Mi función fue sencilla, digitalizar en un documento Word lo que él escribió a mano en unos 40 blocs de notas. Fueron muchas tardes, mi abuelo se sentaba a mi lado y no me dejaba ni comer, revisaba todos los signos de puntuación, la cantidad de espacios entre las palabras y leía varias veces para asegurarse de que yo no había cambiado nada. La verdad es que me encantaron esas tardes sentada junto a él, porque logre conocer realmente su pasado y entender su presente.

Lo que quería contarte es que desde muy joven mi abuelo conocía muchísimo de geografía y ya sentía una gran curiosidad por conocer el mundo, por viajar. Él me contaba que no entendía la razón, pero algo dentro de él le decía que su destino no estaba en España. Así que con título de Maestro Industrial Electricista, habiendo terminado su servicio militar y gozando de un buen empleo, sin la posibilidad de poder salir legalmente de su país, pero teniendo la cabeza llena de ilusiones y deseos de conocer otros países, un buen día emigró repentina y clandestinamente, a los 25 años de edad, sin dinero, sin documentación y en una época muy peligrosa, a causa de la guerra civil, con rumbo a cualquier parte. Después de unos largos y angustiosos nueve meses, donde reinaron las peripecias y las aventuras, por cosas del destino, en el año 1.948 en un barco como polizón llegó a Venezuela. Realmente él buscaba un lugar en el que su mente y su alma estuvieran en paz y se sintieran a gusto.

Obviamente escuchar todas estas historias despertaron mi curiosidad por lo desconocido, y cuando le dije que me mudaba para chile a los mismos 25 años que él salió de su natal España, solo me dijo: “Ya te habías tardado en volar, recuerda que siempre debes buscar tu felicidad, Que Dios te Bendiga”.

Con mi abuelo aprendí a escuchar esa voz interior que siempre te dice que el mundo es demasiado grande para estar quieto en un solo lugar, que la vida es muy corta para no hacer lo que nos gusta y sobre todo entendí mi primer “No quiero ser”. así mismo, si algún día soy abuela, no quiero ser una abuela sin nada divertido que contarles a mis nietos.

Alguna vez por ahí a los 20 años, un día cualquiera hablaba con mi hermana mayor, sobre la vida, la universidad, el trabajo y recuerdo perfectamente que ella me dijo: “Si estudiante una carrera porque te gustaba entonces ejercela y disfrútala. Logra tus metas profesionales, llega hasta donde quieras llegar, no sacrifiques tu carrera por nada ni por nadie, pero recuerda que hay momentos para todo, y llegará el minuto en el que tendrás que detenerte y quizás replantear tus metas y tus objetivos, la carrera es importante, pero la familia y tu salud están primero”.

Con ella aprendí a hacer un trabajo de calidad, disfrutar lo que hacía, a encontrar siempre una razón más para amar mi carrera, era sencillo yo la había elegido.

Para aquel entonces, año 2011, yo trabajaba con mi papá y un día en que estaba enojado, me grito: “Mi empresa y mi dinero son míos, nada de esto es de ninguno de mis hijos. Si ustedes quieren algo trabajen y lo consiguen.”  A mí me quedo claro el mensaje, cada persona construye y materializa sus propios sueños. Él me dio el ejemplo. Luego me toco decidir mi futuro profesional, ir a alcanzar mis metas que claramente no estaban en su empresa, aunque me dolió dejarlo, decidí tener un papá en vez de un jefe. Aquí empecé a trabajar en una auditora, haciendo lo que quería hacer.  

Por allí en 2012, ya estaba segura de mi segundo “No Quiero”. Yo no quería ser una profesional frustrada. Trabajando en algo que no quería hacer, y definitivamente doy gracias porque no lo soy, y haber logrado mis metas profesionales, me permitió hacer una pausa en mi carrera, decidirme y salir a perseguir otras metas.

Quizás en el 2013 mi mamá me decía: “Yo cuando era joven tuve la oportunidad de viajar a Italia y no fui porque tuve miedo. No me quería separar de mis padres, así que no fui y hoy me arrepiento de no haber viajado. Así que tú nunca te detengas Hija, es mejor arrepentirse de lo que hicimos mal, antes que arrepentirnos por las cosas que dejamos de hacer, yo siempre te voy apoyar en lo que tu desees hacer”. Hoy es todo lo que necesito para arriesgarme, la bendición de mis Padres.

Nadie tuvo que repetírmelo, lección aprendida instantáneamente. Hice caso y empecé a viajar, primero dentro del país, y cuando pude empecé a viajar al exterior.

Y por ahí esta mi tercer “No quiero”, No quiero llegar a cierta edad y tener una vida llena de excusas; “Podía, pero no lo hice”, “Quería, pero tuve miedo”, “Tengo X edad y no he vivido como me hubiese gustado”. Definitivamente esa no voy a ser yo cuando tenga 60 años.

Esto definitivamente no es un blog motivacional, lo único que quería contarte es que todas estas palabras de personas a las que amo profundamente, me sirvieron para entender que uno debe hacer caso a sus instintos, perseguir sus sueños, disfrutar de cada pequeño éxito.

Esta vida es un instante, entonces hay que vivirla de verdad y no solo andar por ahí gastando el oxígeno.

Quizás si empezamos a pensar que cada día que se termina, es un día menos de la vida que hemos decidido tener, aprenderemos el valor del tiempo.

¿Cuántos días perdiste estando amargado(a) o haciendo lo que no te gusta? ¿Cuántos días crees que te quedan por vivir? ¿Cómo los quieres vivir?

¡Drástico pero real!

¡Un apapacho de algodón y gracias por leerme!…

Besos…

Marialys.

Categorías: Mi vida

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